Reaparición gozosa de aquel ‘Cambio16’, por José Luis Gutiérrez (DEP)

Por una curiosa y venturosa coincidencia astral, el nombre de Cambio 16, la legendaria revista que fuera, durante casi dos décadas, estandarte democrático, político, sociológico, informativo, periodístico, en suma, de varias generaciones de jóvenes españoles en la transición democrática, la Transición, ha reaparecido ante la opinión pública, con toda su secuela de evocaciones nostálgicas, de testimonios y herencias valiosas como paradigma y modelo del mejor periodismo democrático español de la última mitad del pasado siglo XX. En ella ejercí la profesión durante cinco años formidables, aprendí mucho, adquirí experiencia, recorrí el mundo, viví tiempos apasionantes y fabulosos que marcarían de manera indeleble mi futuro como periodista, como escritor, como ser humano interesado y comprometido con los momentos históricos y los acontecimientos que tocó y me toca vivir. Puedo decir que Cambio 16 fue, para mí, como aquella Francia de entreguerras, como el turbulento y libertario París del 68, toda una educación sentimental, una escuela de vida y aprendizaje, intelectual, vital.

Efectivamente, el guarismo mágico del “16”, su espíritu -porque también los números tienen espíritu, al margen de fetichismos aritméticos, cábalas o supersticiones- me ha conducido últimamente a varias comparecencias, la penúltima de ellas, la que suscita y da origen a estas líneas. Los alumnos de último curso de Periodismo de la reputada Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, que pasa por ser la mejor, entre las mejores de España, se han planteado, como ejercicio académico de fin de carrera, recrear el histórico semanario, precisamente cuando acaban de cumplirse los 40 años de su fundación, aquel 22 noviembre de 1971 que fechaba el número 1 del “Semanario de Economía y Sociedad”, con el precio de venta al público de 25 pesetas. Mi felicitación por la idea, porque no podían haber elegido mejor modelo para un proyecto de fin de carrera, para iniciar el aprendizaje práctico -y también avanzar y progresar en el teórico- de una profesión que vive precisamente momentos de turbación, crisis y desconcierto. En el histórico y legendario Cambio, todo estaba, en cambio, bien claro, las ideas y los horizontes sólidamente concebidos y afianzados, todo construido en torno a conceptos indelebles como “democracia”, “libertad”, “talento”, “esfuerzo”, “imaginación”.

Más coincidencias, gozosas sin duda. El profesor que dirige tan evocador proyecto es Francisco Sancho, entrañable amigo, compañero de fatigas en el “16”, en este caso, no en Cambio, sino en el tristemente desaparecido Diario 16, donde ambos vivimos, en la década de los noventa, tiempos apasionantes, accidentados, muy entretenidos, sin duda.

Nueva coincidencia. Comparece en esta sección de Firmas, con un brillante texto, como todos los suyos, Miguel Ángel Aguilar, con una columna teñida de crítica y desconsuelo ante esa nueva forma de cleptomanía informativa perpetrada por los llamados agregadores, que abruman a los lectores con tal sobreabundancia informativa, tal caudal de noticias de garrafa y sin etiquetar. Con lo que se cumple la paradoja siniestra de ver como tal “inundación noticiosa” sirve de mecanismo totalitario para desinformar y sumir en la más oscura de las confusiones a lectores, espectadores, oyentes.

Aguilar, precisamente, fue nombrado, al mismo tiempo que quien esto firma, redactor jefe de Cambio 16, aunque abandonaría la revista poco tiempo después para ocuparse del duro escaño de Director de Diario 16, al que también accedería yo mismo, años más tarde.

Finalmente, la última y más relevante coincidencia. Como Editor de LEER, me siento orgulloso de la última obra editada por nuestra editorial, que lleva por título, precisamente, “Cambio 16” y subtitulada, “Historia y testimonio de la mítica Revista de la Transición democrática española, en el 40º Aniversario de su fundación”.

El libro es el exhaustivo y acertado trabajo de un joven profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, José María Díaz Dorronsoro, quien investigó, durante más de tres años, historia, orígenes, itinerarios, protagonistas, modelo informativo, en fin, del semanario, hasta su crisis irreversible, causada por la obsolescencia de un modelo periodístico, el de los semanarios de información general. Esta obra -prologada por el profesor Alejandro Muñoz- Alonso, que fuera uno de los 16 fundadores y vicepresidente, entre otros cargos, del Grupo 16 durante más de 15 años- pronto será presentada en la Universidad de Navarra, donde espero estar presente. Hasta entonces.

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